Al calor de la chimenea. 

Ya está aquí el invierno. Bajan las temperaturas, llegando incluso, en los lugares más elevados de nuestra geografía, a nevar. Parece que no son fechas  para ir a pasar unos días en el campo. Y ciertamente, por las mañanas hace mucho frío. Pero hay un elemento muy propicio para esta época que nos ofrece todo el calor de las estaciones pasadas: el fuego.

Y con el fuego la chimenea ¿a quién no le gusta encender un fuego, o pasar la tarde al calor de la chimenea? Puede que jugando con la familia, charlando con los amigos, leyendo, o simplemente viendo como las llamas lamen los tronquitos que con tanto cuidado, horas antes, pusimos, cada uno en su lugar correcto para que prendan de manera uniforme.

La chimenea incita a la cercanía y si apagamos la luz eléctrica, el espíritu del fuego nos envuelve completamente. Es el momento de hablarles a los más pequeños de que, no hace ni 60 años, cuando  nuestros padres y abuelos vivían en el pueblo, se reunían al atardecer a la luz de la chimenea, porque no había bombillas, y mientras la abuela hacía la comida en el anafe, el abuelo cortaba rebanadas de pan, las pinchaba en un palo y las acercaba a la candela. Ese lugar era verdaderamente el centro de la familia. Salón y cocina no compartían un mismo espacio, sino que eran un solo espacio.

 ¿Sabías que la palabra fuego deriva del griego focus, y de ella vienen las palabras hoguera y hogar? No es casual que la chimenea encendida proporcione además de calor físico, calor humano.

Ya está aquí el invierno, bajan las temperaturas, y realmente al calor de una buena chimenea es una de las mejores épocas para pasar unos días en el campo.

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